Pone corazón de tambor

LUIS MEZA—NOTA PUBLICADA: 26/7/2011

Aunque este verano no tiene al Festival Internacional de Arte Contemporáneo, sí que tuvo a uno de los huéspedes más distintivos de la cita leonesa: el Ensamble de Percusiones Tambuco, que se presentó este viernes en el Teatro del Bicentenario.

El cuarteto dirigido por Ricardo Gallardo, que no actuaba en León desde hace casi tres años (cuando formaron parte del Festival Cervantino), se convirtió en uno más de los pioneros del magno coso de La Martinica, al brindar la primera función de música contemporánea del recinto, ante cerca de 700 espectadores.

Curiosamente Tambuco, uno de los más prestigiados ensambles de su especialidad a nivel internacional, se reencontró con León con un programa que incluía tres de los números de su último concierto en 2008: “Contrapuntus I”, de Johann Sebastian Bach; “Orgánika”, de María Granillo y “Hematofonía”, de Héctor Infanzón.

La función de poco más de dos horas se completó con creaciones de Jorge Carmiruaga, Steve Reich, Raúl Tudón y una pieza tradicional peruana, en una velada en que, como explicó Ricardo Gallardo, estuvo dedicada a explorar “la faceta más intimista de la percusión”.

“Contrapuntus I”, una pieza que el genio barroco Johann Sebastian Bach escribió como parte de su “Arte de la fuga” especificando sólo las voces y no los instrumentos, fue retomada en marimbas por el cuarteto mexicano integrado por Ricardo Gallardo, Raúl Tudón, Alfredo Bringas y Miguel González.

Tambuco lució en la noche sus dos vertientes más distintivas: la seria y cerebral, afín a la experimentación y la indagación más profunda en las posibilidades de la percusión; y la ligera y carismática, con piezas aderezadas con acentos lúdicos y humorísticos y una gran carga escénica.

Dentro de la primera vertiente se inscribieron “Cuarteto en chico”, una intrincada carambola a cuatro bandas interpretada con congas percutidas con baquetas que el uruguayo Jorge Camiruaga compuso inspirándose en el candombe; “Nagoya marimbas”, una chispeante filigrana de texturas minimalistas cortesía del estadounidense Steve Reich y “Rhytmic Structure of the Wind I”, del “tambuco” Raúl Tudón: una ensoñación surrealista de cariz abstracto recreada con instrumentos de percusión poco usuales: desde pequeños trastos, hasta papeles de lija.

Tras el intermedio, Tambuco compartió dos de las muchas piezas que autores contemporáneos han escrito expresamente para el grupo, empezando por “Orgánika”, de María Granillo: una obra en dos movimientos muy distintos en su dotación instrumental y aspecto sonoro: “Ying-Yang”, un palpitante ecosistema rítmico inspirado por la idea de dualidad y engarzado con un arsenal de distintos tambores étnicos, y “Brotes”: una capítulo a marimba donde las notas sonoras son metáfora de células que se dividen y multiplican.

Tambuco alcanzaría el momento de mayor compenetración con el público en “Hematofonía”, creación del jazzista Héctor Infanzón en la que el instrumento de percusión es el cuerpo de los músicos, que hilvanan una pieza que es tanto música, como coreografía y pantomima e incluye la interacción de la audiencia, cuyas palmas contribuyen a crear un paisaje de lluvia.

“Barranco”, una pieza tradicional que sirve de homenaje a la tradición afroperuana, constituyó la falsa despedida de Tambuco, que ante una audiencia por demás cálida regresó para obsequiar como encore uno de los clásicos de su repertorio: “Stone song, stone dance”, una acuarela de aire zen en la que las percusiones fueron piedras naturales

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